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A mi primo y a mi nos gustaba mucho el cine. Ahora, desgraciadamente, el poco tiempo libre que tenemos lo dedicamos a comparar tarifas de las compañías de telefonía movil y a leer biografías de Steve Jobs. Decimos esto porque para ilustrar un poco el artículo de hoy, nos va a venir bien hacer referencia a la peli de Scorsesse 'Toro Salvaje', biopic del campeón de los pesos medios Jack La Motta. En la peli hay una escena en la que el excampeón necesita pastuqui para pagarse un abogado que le defienda de un liazo en el que se ha metido. En la casa de empeños le dicen que por el cinturón de campeón del mundo le pueden dar un buen pellizco. El boxeador va a su casa, coge el cinturón de la vitrina y le comienza a meter trompazos con un partillo para sacarle las piedras preciosas que lo adornan. Cuando llega a la casa de empeños con las piedras, el empleado le dice que qué ha hecho, que estas piedras no tienen mucho valor, que lo que valía realmente era el cinturón entero. Así nos sentimos a veces. Nos llega una información por parte del cliente de cómo quieren su web y nosotros interpretamos otra cosa. Confundimos la parte por el todo. O le damos importancia a un elemento secundario que luego resulta ser intranscendente. Estas malinterpretaciones no suelen ir más allá que a la pérdida de tiempo. Pero, en ocasiones, nos han acarreado una pérdida mayor: la del cliente.
Por eso procuramos, antes de cerrar un trato, enviarle al cliente un borrador del contrato para que lo supervise, así como un elaborado pantallazo para que no haya sorpresas de última hora. Aún así, las hay. Porque muchas veces, no siempre, resulta muy difícil dar por terminado un portal web. Cambios de última hora, opiniones de cuñados, "mirar qué bien lo tienen hecho los de mi competencia", etecés. Aunque, ojol, que a veces nos ha pasado también que nos hemos metido en camisas de once varas y no hemos podido salir victoriosos a pesar de nuestro empeño. De todo ha habido. Por eso nos hace gracia escuchar a los expertos del diseño web cuando hablan del timing. Sobre el papel, OK. Pero en el día a día hay webs que se hacen eternas y parece que no vayan a acabarse jamás. ¿Culpa de los clientes? ¿Nuestra por no entenderles? Solución: en el próximo trabajo. Aunque quizá pongamos en práctica una idea que hace tiempo teníamos en mente: Este trabajo corresponde a X horas aproximadamente. Conforme vaya avanzando le iremos informando de las horas que están siendo invertidas en él. Asímismo, le avisaremos cuando esté llegando al final de las horas pactadas. Que si nos pasamos un poco tampoco pasa nada. Pero, que lo sepa usted. Así tendremos algo a lo que acojernos cuando no se le vea el fin a una web: el tiempo. |








