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Hará cosa de un par de meses, al hilo de un par de entrevistas que leímos a unos comunicólogos internetianos anglosajones ( no sé lo que pasa con esto, es algo inconsciente, pero cualquier intelectual inglés nos parece cuatro veces más creíble que cualquier intelectual español, ¿no?; bueno, y si van despeinaos, más todavía ) que pronosticaban el final de twitter a la vuelta de la esquina. Pues argumentaban que era una moda, tan llamativa y ruidosa, pero que, como todas las modas, tenía fecha de caducidad a corto plazo. |
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Tengo que reconocer que siempre me ha costado recordar cómo se escribía: ¿Twiter?, ¿Tweeter?, ¿Twitter?. Bueno, al final siempre echabas mano de Google y te lo corrige. El caso es que nunca le he visto el lado práctico a este sistema de mensajería instantánea aplicada a internet. Probablemente por la edad que tengo y que todo el asunto de los SMS me pilló un poco mayor. La cuestión es que limitar los mensajes a 140 caracteres puede tener una inmegable funcionalidad, pero para algunos ( como es mi caso ), esta limitación genera un estress añadido que pocas veces compensa. |